Bulgaria es un país que no nos dejó indiferentes. Nos volvimos de Sofía con ganas de más y las montañas de Borovets nos parecieron un sitio perfecto para practicar deportes de nieve alejados del turismo masificado que se suele encontrar en las estaciones de esquí más famosas europeas. Pero parte de nuestro maravilloso recuerdo se debió a los alojamientos en los que nos quedamos.
En este post te contamos nuestra experiencia en el hotel Anel, un hotel de cinco estrellas en pleno centro de Sofía, la capital de Bulgaria.
Este lugar es más bien una galería de arte enorme en la que puedes quedarte a dormir en habitaciones llenas de glamour y disfrutar de unos desayunos increíbles entre cuadros y estatuas.
Lo que por fuera parece un edificio simple en una avenida en medio de la ciudad se convierte en un alucine una vez cruzas las puertas de cristal y te encuentras rodeado de obras de arte búlgaras y cuadros para todos los gustos, todo esto combinado con sofás setenteros psicodélicos y una mezcla bastante interesante de la madera, la piedra y el cristal.
El señor de recepción que nos hizo el check in nos comentó que cogiésemos los ascensores del segundo pasillo a la izquierda y de camino a ellos nos dimos cuenta de que llegar a la habitación iba a ser todo un reto por la distribución por letras de las áreas del hotel. Y así fue! Mientras cruzábamos pasillos de madera con cuadros de lo más peculiar y acuarios en los que enormes peces nos vigilaban entre estatuillas en remojo conseguimos dar con nuestro ascensor y llegar a nuestro cuarto.
Al abrirse la puerta parecía que habíamos entrado en un escenario de una peli de los setenta o que habíamos invadido el cuarto de algún ricachón. Todas las paredes estaban cubiertas de madera y sobre ellas pinturas para todos los gustos y alguna que otra escultura. Nuestro cuarto tenía dos ventanales y un balcón y las cortinas parecían inspiradas de alguna peli de Sisí Emperatriz. La cama era más ancha que larga (literalmente) y en la cabecera había una especie de vidriera que al iluminarse daba un rollo bastante relajante al cuarto.
Por si no habíamos tenido suficiente contrastes hasta entonces al abrir la puerta del baño pasamos de los tonos cálidos de la habitación al frescor del mármol gris y blanco, en el que había una enorme bañera con botecitos de todo tipo de potingues que la persona más exquisita pueda necesitar.
Tras dejar nuestras mochilas en los gigantes armarios y disfrutar de un buen café nos colocamos los bañadores y nos bajamos al spa. Este hotel dispone de todo tipo de tratamientos tanto relajantes como terapeúticos y la zona de piscina iba a juego con el resto de instalaciones. Plantas y estatuas te dan la bienvenida a una zona de relax en la que un baño en agua templada o un ratito en el jacuzzi viene de maravilla. La zona del spa tiene su propia recepción, que comparte con el gimnasio. Y te ofrecen toallas o gorros de baño en caso de que los requieras.
El restaurante situado en la última planta del hotel recuerda a la parte interior de una barco, donde la madera y las obras de arte vuelven a ser las protagonistas, el servicio de los camareros fue impecable y la comida exquisita, nuestra recomendación es el magro de pato en salsa de vino y manzanas flambeadas, ¡estaba riquísimo! Y si eres goloso no dudes en hincarle el diente a la tarta de queso casera, ¡a nosotros nos encantó!
Nosotros que somos muy fanes del deporte, al despertar por la mañana nos dejamos caer por el gym del hotel, y nos sorprendió muy positivamente, ya que era bastante grande y tenía todo tipo de máquinas para poder hacer cualquier tipo de entrenamiento. Nos gustó mucho la luz natural que entraba por los ventanales y lo mejor fue lo impecablemente limpio que estaba todo, ¡así da gusto darle caña al cuerpo incluso en vacaciones!
Tras un buen workout nada mejor que disfrutar de un súper desayuno con todo tipo de delicias al alcance del tenedor dentro de una galería de pintura. El salón de desayunos de esta maravilla de hotel invita a coger energía para todo el día con zumos naturales, una enorme selección de tés y cafés y una variedad infinita de cereales, dulces y panes recién horneados y todo tipo de embutidos. A nosotros nos conquistaron los rollitos de crepes con salmón ahumado y queso fresco y las mini tostas de jamón ibérico.
Las noches que pasamos en este hotel fue el broche de oro a nuestras vacaciones en Bulgaria, un país que nos cautivó y al que sabemos que volveremos más pronto que tarde.
Te dejamos aquí la web del hotel por si estás pensando en pasar unos días por esta ciudad