Y de esto que íbamos en un avión cruzando el Atlántico de camino a tierras americanas pasando la lista de pelis que la aerolínea ofrecía y entre ellas descubrimos que estaba Lalaland. A tantas horas de vuelo no le iban a venir mal un poco de ritmo y baile. ¿Puede haber una manera más icónica de surcar las nubes destino a ¨la tierra de Hollywood y las oportunidades¨ que disfrutar entre turbulencia y turbulencia de este musical que tanto buen rollo inspira?
Los Ángeles es una ciudad impresionante, en muchos sentidos. Llegar a cualquier sitio es toda una Odisea en la que hay que atravesar autovías eternas repletas de coches atrapados y cuando por fin llegas a tu destino te das cuenta de que lo único que sobresale en las cosas respecto a otros lugares es el precio.
Por los pocos días que pasamos en esta ciudad nos dimos cuenta de que hace falta bastante más que la ilusión y el vestido amarillo de la protagonista de esta peli para triunfar en el mundo del cine, la música o cualquiera de las industrias creativas que hacen tan famosa esta ciudad.
Sin embargo, entre cantos y bailes, piano y la genial interpretación de los actores, este largometraje muestra mensajes que son aplastantemente ciertos, y es que la mayoría de las veces triunfar no sólo depende tu arte, de tus habilidades o de tu experiencia, sino de los contactos de los que te rodees y de la suerte que tengas, y que ello puede llevar muchas veces al sacrificio personal y a hacer balance de qué merece más la pena.
En el camino hacia un mirador para observar a nuestros pies esa ¨City of Stars¨ atravesamos algunas de las zonas de Beverly Hills. Colinas y colinas de mansiones, kilómetros y kilómetros de calles de imponentes palmeras que conducían a más y más ostentosidad. La mejor forma de describir esa sensación es la de desubicación. La de sentir que estás en medio de un escenario de una de esas pelis tan americanas. Pero no, es la ¨realidad¨, o al menos lo es para las personas que habitan esos palacios y que consideran que la vida dentro de la burbuja del barrio más pijo del mundo es lo normal.
Al día siguiente pusimos camino a Hollywood y fue entonces cuando nos dimos de bruces con la realidad de lo que se nos vende de una manera tan eficaz. Calles y calles con suelos llenos de estrellas con nombres estampados de artistas y productores del cine y la televisión de todos los tiempos. Estrellas con nombres dorados que brillaban bajo un sol abrumador o que quedaban debajo de alguna persona que vivía en la calle y pedía algo que llevarse a la boca. Atravesamos avenidas esteladas con tiendas de alquiler de fracs de mala calidad a los lados mientras descubríamos que lo que menos hay en esas calles es glamour.
Lo que está claro es que como en casi todo el resto de ciudades famosas, el contraste social es lo que prima. Pero en el fondo, cuando eres turista o te toca vivir en el lado afortunado, nadie quiere ver la parte de atrás del bordado.
City of stars, are you shining just for me?
Tras visitar la ciudad del cine por excelencia, tras pasear sobre nombres que tanto admiramos, tras echar paciencia en los eternos atascos de las enormes autovías que atraviesan la ciudad por todos lados y, por supuesto, también tras disfrutar de preciosas vistas de la ciudad de noche y tras tomar el sol y ver el atardecer en Redondo Beach, podemos decir que Los Angeles es una ciudad que no deja indiferente, uno de esos lugares que tienes la sensación de que nunca llegarás a conocer realmente porque o estás en lo alto, o formas parte del otro bando, ese que rara vez consigue hacerse un hueco en fiestas veraniegas en mansiones o en alfombras rojas a la entrada de un teatro.
Una de las cosas que merece la pena recordar después de esta visita y tras ver esta peli en un momento tan acertado es que lo importante a veces no es lo que la realidad sea, sino cómo la concibas y lo que puedas hacer con ella. Damien Chazelle ha conseguido hacer una obra maestra ambientada en uno de los lugares en los que menos encanto tiene desde nuestro punto de vista. En eso consiste el cine, o cualquier tipo de arte. En mostrar al mundo el lado más subjetivo de las cosas, convirtiendo en este caso la ciudad de las autovías y atascos interminables en el lugar perfecto para luchar por tus sueños.
Y es que si lo tienes claro, siempre merece la pena intentarlo y dejarse la piel por ello a pesar de que parezca imposible. Sólo tienes que seguir tu estrella y conseguir que brille entre las miles que hay en el firmamento de las aceras de Hollywood.