Nuestros días de la parte del mar Andamán del sur de Tailandia decidimos pasarlos en Ao Nang, un pequeño pueblo costero muy cerca de Krabi que servía como perfecta conexión a los lugares que queríamos visitar en nuestro paso por aquellas tierras paradisíacas. Queríamos poder ir fácilmente a PhiPhi, el edén de los amantes de las aguas turquesas, a Railaway, y a las junglas de manglares que no mucha gente conoce pero que son una maravilla natural
Una vez teníamos clara la situación, queríamos encontrar un alojamiento bonito en el que relajarnos y disfrutar. Nos decantamos por el Ao Nang Viva Resort, un hotel no muy grande perfecto para pasar unos días tranquilos y con un servicio exquisito.
Fuimos recibidos con unos tés helados que entraban de maravilla tras volar todo lo largo del país. Cuando nos llevaron a nuestro cuarto esperábamos encontrar una habitación básica de hotel de tres estrellas, pero resultó ser un dormitorio precioso al que no le faltaba detalle con un balcón desde el que si saltabas caías en la piscina (esto no se considera balconing, ¡no había suelo de por medio..!)
La decoración era en tonos claros y grisáceos creando armonía en toda la habitación y a juego con el resto de las estancias del hotel. Nos encantó el juego de luces que salían de las figuras sobre la pared que hacían de cabecero y que podían graduarse por intensidad y color, creando ambientes chulísimos.
El baño estaba impecable y tenía una ducha grande, y la terraza muy amplia y perfecta para tomarte la última piña colada antes de irte a dormir.
Los desayunos fueron geniales, tanto por el restaurante al aire libre que te hacía disfrutar de la brisita tropical nada más levantarte (la zona de recepción y restaurante no tenían apenas muros) como por la calidad de la comida y bebida, que estaban riquísimas. Para cuando llegamos a Krabi ya nos habíamos hecho fanes de los desayunos de arroz con carne en salsa y rollitos de verdura, así que llevábamos energía de sobra a las excursiones.
Uno de los momentos que más nos gustó de este hotel fue darnos un chapuzón por la noche en la piscina entera para nosotros con un cóctel dentro del agua, suena a típico, ¡pero es que a veces pegan esas cosas, y la otra punta del mundo es un sitio ideal para ello!