Wall Street, la Quinta Avenida, Madison Avenue, Broadway, Lexington Avenue… A quién no le suenan los nombres (o números) de las calles que recorren Manhattan de Norte a Sur o de Este a Oeste. Esta península neoyorkina es una enormísima cuadrícula en la que arterias urbanas kilométricas la atraviesan de una punta a otra. Una ventaja para aquellos cuyo sentido de la orientación suela jugarle malas pasadas.
Somos de los que pensamos que lo que mejor se puede hacer para conocer una ciudad es ponerse zapatillas cómodas y pateársela. Tras recorrer por horas y horas estas calles durante una semana llegamos a la conclusión de que al ser ésta una ciudad relativamente joven todas las avenidas comparten escenarios similares que dan lugar a esa esencia tan americana y que conocemos tan bien por pelis.
NY es una de esas ciudades en las que acabas con tortícolis de tanto mirar hacia arriba de los rascacielos que te van rodeando mientras paseas por avenidas interminables. Y un poco mareado, hemos de decir, por la sensación que crea la ¨perspectiva hormiga¨ (como nosotros la llamamos) de que los edificios más altos se inclinan sobre ti.
Las nubes y los colores del atardecer se plasman en los cristales de las plantas altas de esos bloques gigantescos mientras te preguntas cómo serán las vistas desde arriba. Los reflejos de los cristales que tanto llaman la atención son una de las señas de identidad de esta ciudad y te recuerdan lo pequeño que somos y las cosas tan grandes que somos capaces de hacer.
Pero si dejamos nuestro cuello descansar también nos sentiremos dentro de uno de esos escenarios que tanto hemos visto en la gran pantalla.
Más de uno habrá tenido que contener el impulso de salir corriendo al filo de la acera, levantar el brazo al más puro estilo neoyorkino y gritar a pleno pulmón ¨taaaaxiii!!!¨. Confiésenlo amigos, a todos nos ha pasado. Y es que ver esos coches amarillos te hace sentirte por un momento como una estrella de Hollywood.
Pero no sólo los taxis llaman la atención en las calzadas. Los coches, que parecen que están hechos para imponer (como casi todo en este país) tienen unas partes delanteras altas y robustas que recuerdan al estilo camionero de peli. Más vale mirar bien hacia los lados y no saltarse esos semáforos colgantes que penden de un hilo en medio de las intersecciones caóticas porque como uno de esos vehículos con morros casi agresivos te pille tu estancia en NY puede ser más bien corta.
Esas rayas rojas y estrellas blancas con fondo azul están en todos lados, mires a donde mires. Y es que por el momento no hemos visto un lugar tan excesivamente enamorado de su bandera, es como una plaga! Sea donde sea que dirijas tu mirada ahí está, everywhere!, ondeando sobre un mástil hincado en sitios en los que te preguntas, se puede saber qué pinta aquí un trozo de tela marcando territorio?
Flanqueando las calles encontramos enormes escaparates de lujo y puertas correderas que invitan a entrar en esas tiendas tan pijas y salir con veinte bolsas a cuestas y rebosando glamour cual Sarah Jessica Parker en ¨Sexo en Nueva York¨. Dos segundos después parpadeamos y recordamos que nuestra tarjeta está temblando de sólo saber lo que van a costar unos días en esta ciudad, así que sigues con tu paseo avenida tras avenida, calle tras calle, rascacielos tras rascacielos.
Pero dejemos caer el cogote un poquito más abajo y fijémonos en las calzadas, justo al ras del suelo.
Y entonces descubriremos con pavor que en casi todas las calles suele haber en medio del pavimento unos agujeros de ventilación enormes de los que sale humo a cascaporros. Un momento, tenemos debajo el infierno y no nos hemos enterado?
No panic amigos, es vapor de agua. A nosotros casi nos da un jamacuco cuando lo vimos por primera vez y pensamos la cantidad de gases tóxicos que podíamos estar respirando, pero aparentemente es un sistema de vapor de agua instalado bajo las calles de Manhattan y que suele usarse para refrescar edificios, sistemas eléctricos, y, ojo al dato, hasta restaurantes para servirte verduritas al vapor o queso fundido para tu súper hamburguesa.
En definitiva, los paseos por las calles de esta ciudad no tienen desperdicio. Tus pies te van conduciendo entre calles y edificios, deambulando en uno de esos lugares míticos, en los que terminas atolondrado entre tanto ruido y el contraste de los tonos oscuros de las calles, el resplandor de tanto vidrio y los colores chillones de todo lo que se mueve. Es una de esas urbes del caos en la que todo converge en una armonía casi grotesca y que te hace reflexionar sobre cómo nos las hemos apañado para concebir un sitio así como lugar idóneo donde pasar nuestras vacaciones.