Entre laberintos y caóticas calles de la medina de Marrakech hay un oasis.
Un lugar en el que el ruido de las motos desaparece y sólo se escucha música relajante, donde el intenso olor a cuero y a especias de los puestos del zoco se transforma en aroma a pétalos de rosa y donde los tonos marrones y anaranjados de sus calles pasan a ser azulados.
Una riad es una antigua casa-palacio de arquitectura mozárabe que se caracteriza por no tener ventanas al exterior y recibir toda la luz natural del patio-jardín que tienen en el centro y en el que siempre hay una piscina o fuente como protagonista. Suelen tener entre dos y cuatro plantas donde se reparten las distintas habitaciones alrededor del patio. Muchas riads en Marruecos se han convertido en pequeños hoteles con encanto que a nosotros nos enamoraron y que nos hacen sentir como en casa ya que el estilo andalusí al que estamos acostumbrados en Córdoba es similar en muchos sentidos.
Los precios de las riads varían muchos dependiendo del nivel de lujo y exclusividad que busques. Al final de este post te decimos los precios aproximados de esta riad.
Marruecos tiene unos precios bastante asequibles en comparación con Europa, por lo que es posible encontrar sitios muy bonitos por precios bastante ¨económicos¨ si se compara con los precios europeos.
Cuando íbamos caminando por las estrechas calles de la medina buscando nuestra riad no podíamos imaginar que entre esos altos muros podría haber tanto lujo. Nos quedamos boquiabiertos cuando atravesamos la puerta de Riad Chorfa y vimos lo bonito que era todo y el ambiente tan mágico que se respiraba en cada rincón. Fuimos recibidos con un té de menta fresca y pastas típicas en el patio central, donde la luz entraba desde arriba y reflejaba en sus paredes alegres y en el agua de la piscina.
El servicio y la hospitalidad que recibimos durante toda nuestra estancia fue maravillosa. Todo el equipo está muy atentos a los huéspedes de la riad y cuidan cada pequeño detalle.
En uno de los lados del patio estaba la recepción y las escaleras que conducían a las plantas superiores. También había dos salas preciosas donde podías relajarte tomando un té, cenando o leyendo un libro, y en uno de los laterales del patio había una enorme puerta de madera tallada que resultó ser nuestro cuarto. ¡Nos íbamos a quedar en la suite más especial de toda la riad!
Cuando esa enorme puerta se abrió apareció ante nuestros ojos una salita de estar preciosa con una chimenea como protagonista y desde esa zona había dos escaleras: unas que bajaban al dormitorio y otras que subían al baño. ¡Sí, nuestras suite tenía tres plantas! A la parte del dormitorio no le faltaba detalle, una enorme cama presidía la estancia con tonos cremas y una ventana de rejas marroquíes que nos dejó enamorados. Cuando subimos a la zona más alta de la suite nos encontramos con una bañera gigante y un baño decorado al estilo marroquí con mucho gusto.
A modo de curiosidad, el baño no tenía puerta, y la bañera hacía de pared hacia la zona de la salita, que quedaba un piso más abajo, por lo que todo era una zona abierta tipo loft con un rollo que nos gustó bastante. Lo de que no haya puertas o paredes en los baños de hoteles marroquíes es bastante común, ¡a veces incluso puedes encontrar la bañera en medio del dormitorio!
La suite estaba impecablemente limpia y tanto las toallas como las sábanas eran de muy buena calidad. Y en la cama se dormía de maravilla, con unas almohadas muy cómodas. El servicio de habitaciones es excelente y está disponible 24 horas y cada mañana te dejaban el cuarto como nuevo. A nosotros personalmente nos encantó el perfume de los geles, que olían a pétalos de rosas, al igual que el resto de la riad.
Una vez instalados en el cuarto fuimos a descubrir el resto del hotel y cuando pensamos que no podría gustarnos más aún llegó la sorpresa de la azotea. Esta riad es una de las más altas situada en la parte del zoco y eso hace que tenga vistas de 360 grados a toda la medina. La torre de la mezquita Koutoubia sobresalía del resto de edificios y al fondo se veían las montañas Atlas. La terraza en sí era una maravilla y todo el recinto estaba lleno de zonas chill out decoradas de tal manera que te convencían para no moverte de allí en todo el día y disfrutar de las vistas de ensueño en alguno de sus sofás.
Por las mañanas empezábamos el día bastante temprano ya que sobre las seis de la mañana te despertaba la primera llamada al rezo que se escucha en cada uno de los rincones de la ciudad. Tras unos quince minutos intensos en los que parecía que te estaban rezando al oído era imposible volver a dormir, así que tras el madrugón disfrutábamos de un desayuno marroquí por todo lo alto (porque todo estaba buenísimo y porque nos encantaba desayunar en la azotea).
El desayuno siempre estaba muy rico y era muy abundante, incluía fruta, yogurt marroquí de leche de oveja, bollitos típicos marroquíes caseros, tortitas crujientes tradicionales recién hechas, tostadas y mantequilla y varias mermeladas caseras; para beber teníamos zumo de naranja recién exprimido, tés y café.
Después de llenar el estómago nos terminábamos de despertar con un baño en la piscina antes de comenzar cada día con nuestras rutas por Marrakech. En la riad hicimos amigos, ¡tres tortugas de lo más monas que andaban sueltas por el patio central se convirtieron en nuestras compis de fotos!
Pero lo que más nos gustó sin duda de este lugar fueron los atardeceres de los que disfrutamos en su azotea. El lugar tan bonito y tan alto en el que estábamos hizo que viviésemos momentos imposibles de olvidar. Cuando fuimos era octubre y anochecía sobre las siete y cuarto de la tarde, por lo que a las siete todo el cielo estaba teñido de naranja y las luces de la medina empezaban a encenderse. Pero el momento más mágico era cuando sobre las siete y diez los imanes llamaban al rezo en las distintas mezquitas y sus voces se extendían por toda la ciudad. Los cantos de la oración se mezclaban con el piar de los pájaros y los colores tan intensos de la caída del sol le terminaba de dar el broche de oro para quedar hechizado en ese momento.
Nosotros los vivimos como momentos mágicos disfrutando completamente solos en lo alto de nuestra riad, donde las vistas, el sonido, el viento suave y el sabor de los tés convertían aquellos instantes en un regalo para todos los sentidos.
No hay mejor manera de despedirse del sol cada día y dar la bienvenida a las noches llenas de vida y alboroto de Marrakech.
Precios aproximados de Riad Chorfa:
El precio de una habitación doble estándar ronda los 60 euros con desayuno incluído.
El precio de una suite está entre los 90 y 120 euros la noche, dependiendo de la habitación elegida.
El precio de una cena es unos 20 euros por persona.
En esta riad no se sirve alcohol.