Esta maravilla de lugar es uno de esos sitios que curan, donde pasar una tarde en la que algo no vaya bien y dejarte cautivar por el colorido de los azulejos y la ornamentación tallada en los arcos de piedra y techos de madera en cada una de las estancias de este palacio. O salir a la parte de sus jardines y disfrutar del aroma de las flores, del sol en tu piel y del borboteo del agua.
Y no, no hablamos de la Alhambra, sino de uno de los lugares más mágicos situado en pleno centro de Sevilla. Entre el barullo de la Avenida de la Constitución y las tranquilas calles de Santa Cruz el Real Alcázar abre las puertas a la historia, al arte y a la belleza.
La riqueza arquitectónica de este lugar se debe a las distintas aportaciones que fueron haciéndose a lo largo de su historia desde que a comienzos del siglo X Abderrahmán III ordenó el levantamiento de un palacio omeya. En ese mismo siglo se añadió la construcción del Alcázar Nuevo de los Abbadíes, lo que hoy en día son los jardines exteriores, y más tarde los almorávides aportaron nuevas modificaciones. La conquista castellana también incluyó alteraciones en el siglo XIII dando lugar toda esta mezcla de estilos a un rincón único en pleno centro de la capital andaluza en el que influencias artísticas y arquitectónicas convergen en una combinación perfecta entre arcos, vegetación y agua.
Desde que entras por la Puerta del León tus pies se perderán a través de una sucesión de patios, salones y jardines en los que se percibe la pasión por combinar los colores, las luces y las sombras. La conexión entre el arte y la arquitectura está plasmada en cada estancia con composiciones maravillosas, mires hacia donde mires encontrarás detalles que te dejarán encandilado. Uno puede dejarse llevar y perderse de una habitación a otra, entre arcos y suelos fríos de mármol y adoquines que transmiten ese frescor y majestuosidad, luminosidad y oscuridad, misterio y belleza.
Pasear entre flores, setos y palmeras de sus jardines una tarde de primavera es un gustazo. Cada uno de los patios es un lugar perfecto para sentarte en un banco de azulejos de colores, disfrutar del sol y sentir el olor de las plantas con el sonido de los pájaros y el fluir de los canalillos de agua. Este elemento está presente alrededor de todo el recorrido con fuentes para todos los gustos y con los baños de Doña María de Padilla, un estanque de tres naves flanqueado por bóvedas góticas que dan al lugar un halo de misterio y sensualidad.
El alcázar de Sevilla es una representación artística y arquitectónica de la evolución histórica de esta ciudad. Armonía es la palabra perfecta para describir este lugar. Las sensaciones que se viven en este recorrido son de calma y silencio. La simbiosis de todos estos elementos transmite una sensación de paz y alegría que hace que quedes irremediablemente seducido entre sus murallas.