Koh Tao es una isla en el golfo de Tailandia (la costa oeste de este país). Es el lugar es perfecto para echar unos días de relax en medio de la naturaleza, y si decides pasarlos en un hotel como en el que nosotros estuvimos la experiencia va a ser increíble.
La razón de la visita a Koh Tao en nuestra ruta por Tailandia se debió a que teníamos muchas ganas de descubrir el fondo submarino de esa zona, ya que es uno de esos lugares que no se puede dejar pasar si te gusta el submarinismo. Así que allí fuimos a disfrutar de la brisa tropical que se respiraba por cada rincón de la isla y dispuestos a meternos en el neopreno botella a la espalda.
Esta zona de Tailandia es una joya de la Madre Tierra, no sólo por el fondo submarino, sino que cada metro cuadrado de esta isla es digno de visitar. En el puerto de Koh Tao nos recogió un señor del hotel en coche y nos llevó por unas caminos atravesando jungla. Entre tanta naturaleza no sabíamos exactamente cuánto quedaba para llegar al hotel, pero de pronto llegamos a una especie de cabaña tropical gigante sin paredes convertida en recepción de lujo y allí había alguien esperándonos con unos cócteles para nosotros. Como lo lees, llevábamos dentro de la propiedad del hotel un rato y no lo sabíamos.
Hicimos el check in cóctel en mano y nos montaron en una especie de carrito de golf para enseñarnos las instalaciones principales, que estaban dispersas por la maleza tropical y llevarnos hasta nuestra habitación, que resultó ser una cabaña construida en alto en medio de la selva tropical sin vecinos alrededor y con el mar a unos metros. No está mal, ¿eh?
Al subir las escaleras de la cabaña y ver el porche con sofás que teníamos para nosotros pensamos que podíamos hospedarnos ahí felizmente sin necesidad de entrar a la cabaña. Pero cuando nuestro guía del hotel abrió las puertas de bambú y cristal y vimos el interior nos dimos cuenta de que lo mejor estaba dentro de esas paredes de madera.
Una cama blanca grande y baja con muchos cojines de formas y colores reinaba la estancia con un dosel blanco enrollado levitando sobre ella. La luz que entraba tanto por la puerta como por las ventanas daba la sensación de estar casi en el exterior y la decoración era perfecta, mezclando el corte asiático con lo sencillo de los materiales naturales.
El baño, a juego con el resto de la habitación, era amplio y con paredes y techos de madera, y no sólo teníamos toallas para la ducha, sino que también había en el dormitorio toallas de playa y pareos asiáticos a nuestra disposición, junto con sombreros típicos como los que se suele recoger el arroz en estas zonas.
No sabíamos si lo primero que queríamos hacer era salir corriendo al agua tan turquesa que estábamos viendo, si dar un paseo por la jungla o si relajarnos en semejante preciosidad de suite con los sonidos tropicales más intensos que hemos tenido la suerte de escuchar. Optamos por lo tercero, y tras pasar un rato anonadados nos fuimos a ver un atardecer inolvidable sobre unas tablas de bambú flotando sobre el mar.
Las playas de este hotel son muy largas y amplias, a lo largo de ellas hay tumbonas de madera, hamacas colgantes de palmeras y hasta cabañitas con camas y toallas limpias por si quieres echarte un rato a descansar.
Estando en un sitio así, ¿quién quiere piscina? Pues este hotel la tiene, y menuda piscina. Dos fuentes enormes de distintos niveles hacen las veces de piscina. Hemos de reconocer que nos perdimos entre la jungla para conseguir llegar a ella, pero es que andábamos tan atontados con nuestro alrededor que la orientación se nos fue de paseo. Por las dimensiones tan grandes de todo el resort teníamos la continua sensación de privacidad y exclusividad, así que nunca había nadie que molestase.
Por la noche. quedarte dormido al ritmo de los ruidos de la jungla no tiene precio. El gecko se convirtió en el leit motiv de nuestro paso por el norte y las islas del sur tailandés y cuando volvimos a Londres su sonido es de las cosas que más echábamos de menos. Al despertar era casi imposible reprimir el instinto de pellizacarte cada mañana para comprobar que no estabas en un sueño. Nada mejor para coger energía que un té recién hecho y los maravillosos desayunos que servían junto al mar con frutas tropicales y toda clase de delicias, tanto tailandesas como desayunos estilo europeo y americano.
Las playas de este hotel son muy largas y amplias, a lo largo de ellas hay tumbonas de madera, hamacas colgantes de palmeras y hasta cabañitas con camas y toallas limpias por si quieres echarte un rato a descansar.
Estando en un sitio así, ¿quién quiere piscina? Pues este hotel la tiene, y menuda piscina. Dos fuentes enormes de distintos niveles hacen las veces de piscina. Hemos de reconocer que nos perdimos entre la jungla para conseguir llegar a ella, pero es que andábamos tan atontados con nuestro alrededor que la orientación se nos fue de paseo. Por las dimensiones tan grandes de todo el resort teníamos la continua sensación de privacidad y exclusividad, así que nunca había nadie que molestase.
Por la noche. quedarte dormido al ritmo de los ruidos de la jungla no tiene precio. El gecko se convirtió en el leit motiv de nuestro paso por el norte y las islas del sur tailandés y cuando volvimos a Londres su sonido es de las cosas que más echábamos de menos. Al despertar era casi imposible reprimir el instinto de pellizacarte cada mañana para comprobar que no estabas en un sueño. Nada mejor para coger energía que un té recién hecho y los maravillosos desayunos que servían junto al mar con frutas tropicales y toda clase de delicias, tanto tailandesas como desayunos estilo europeo y americano.
Un detalle que nos encantó era lo atento que estaban a las personas que se alojaban en el hotel. Cada vez que volvíamos de la calle o de la playa a los pocos minutos de llegar a nuestra cabaña venían a traernos tés recién hechos y toallas húmedas para refrescarnos.
A estas alturas hemos estado ya en varios hoteles de lujo para hacer reviews, pero hemos de decir que éste fue uno de los que más nos impresionó por ser el lugar en el que más en contacto hemos estado con la naturaleza.
Precio medio del tipo de habitación en la que nos alojamos.
One bedroom bungalow – Superior House: Unos 90 € por noche con desayuno incluido.
Koh Tao, al igual que el resto de Tailandia, se caracteriza por ofrecer alojamientos muy asequibles, por lo que si no puedes o quieres gastarte el precio de este hotel también hay otras opciones más económicas que también son geniales para pasar unos días de ensueño.