La primera vez que me planteé ir a Malta lo único que sabía es que estaba en algún sitio del Mediterráneo. Malta es un pequeñísimo país ubicado al sur de Sicilia que tiene mucho, ¡muchísimo!, que ofrecer. La principal de sus islas, la cual le da el nombre al país, junto a Gozo y Comino, conforman un perfecto lugar para pasar unos días de relax disfrutando de sus costas rocosas y de la cultura tan mediterránea de este país.
Los motivos por los que la gente viaja a este destino son de lo más variado. Yo tuve la suerte de pasar tres semanas por lo que me dio tiempo a hacer un poco de todo, desde turismo histórico, de costa y naturaleza, ¡y hasta turismo fiestero!
Malta es un enclave histórico que sirvió como punto estratégico a distintas civilizaciones e imperios. Este conjunto insular perteneció al Imperio Británico hasta que consiguió su independencia en 1964. Las empinadas calles de Valeta, capital de este pequeño país, muestran las huellas de su historia y el ambiente de esa ciudad, que parece anclada en el tiempo. Y las estrechas callejuelas con edificios amarillentos y balcones de colores te enamoran con un solo vistazo.
Desde el primer momento te envuelve su entrañable alboroto y sientes que no eres un extraño entre las sonrisas de las personas que son de allí, que suben y bajan las empinadísimas cuestas de la ciudad, ¡algunas incluso tienen escaleras! Las calles de Valeta son casi todas rectas y su mapa parece una cuadrícula en la que la calle República, la principal de la ciudad, la cruza enteramente de Oeste a Este.
Lo mejor de La Valeta es perderse por cualquier rincón de la ciudad y pararse a tomar un spritz con una buena pizza, ¡que son increíbles! El ambiente siempre es relajado pero lleno de vida, y las buenas vibraciones se perciben en cada paso que des por esta isla.
En pleno centro de La Valeta, está la catedral de San Juan, construida en el siglo XVI, y de verdad, es digna de ser visitada. Lo que más llama la atención es el enorme contraste del exterior, con una fachada austera y sobria, respecto al interior, muy decorado y ornamentado al más puro estilo barroco. Uno de los mayores atractivos de este templo es una obra de Caravaggio que representa la decapitación de San Juan Bautista, a quien por lo visto se dedicó la construcción de la catedral.
No debemos olvidar que éste es un país bastante católico, por lo que para entrar a cualquier templo religioso se debe ir con los hombros cubiertos o las personas a la entrada te ofrecen un pañuelo para que te lo pongas en tu visita al templo.
En esta ciudad tan llena de encanto también podemos refrescar un poco la memoria con un repaso a la historia más reciente con museos como el Marítimo, el Museo Nacional de la Guerra o el Fuerte de San Telmo, desde donde hay unas vistas increíbles.
Si hay algo que tiene esta ciudad son fuertes, ya que fue un punto estratégico en el que se han desarrollado todo tipo de batallas a lo largo de la historia, así que es bastante común encontrar enormes muros de piedra caliza amarillenta y algún que otro cañón suelto durante tus paseos por la costa. Otro de mis puntos favoritos son los Barakka Gardensal sur de la ciudad, donde puedes descansar entre sus arcos o disfrutar de una panorámica maravillosa del Grand Harbour.
Para acceder a o desde otras zonas de la isla la principal conexión es La Plaza de la Fuente del Tritón, donde llegan autobuses de todas las zonas de la isla, o vía marítima, ya que hay ferries con horarios regulares a zonas como Sliema o Sant Julian.
Valeta es una ciudad que puedes ver en un día si vas con prisa o si simplemente decides hacer una escapada al sur del Mediterráneo. Pero también puedes pasar allí días y días y siempre descubrir algo nuevo, y es que a pesar de su pequeño tamaño esta ciudad está llena de secretos.