En nuestro viaje a Marruecos descubrimos muchas cosas y vimos paisajes increíbles, y gran parte de ello fue en el tour que hicimos desde Marrakech al Sáhara por la parte de Merzouga, tres días que nos marcaron para siempre.
Elegir una buena empresa fue lo que más hizo que nuestra experiencia fuese tan especial, ya que los tres días se convirtieron en un sueño hecho realidad. Authentic Sáhara Tours nos preparó un viaje en el que tuvieron en cuenta cada una de nuestras preferencias y adaptaron el viaje a nosotros ya que nunca hacen tours en grupos grandes. Si te planteas hacer este tipo de excursiones por Marrakech échale un ojo a este link en el que te hablamos de los factores más importantes a la hora de elegir una empresa sin que te lleves sorpresas desagradables posteriormente.
Te contamos nuestros tres días con algunas de las paradas más llamativas y de los sitios donde pasamos las dos noches. En este post incluimos bastantes fotos para que te puedas hacer una idea de los sitios en los que estuvimos ¡Esperamos que disfrutes de este intenso viaje!
Día 1
Ocho de la mañana en Marrakech. Un señor llamado Ydir de mirada sincera y sonrisa alegre nos recoge de nuestra Riad. Al salir de las silenciosas calles laberínticas de la Medina aún vacías nos montamos en un enorme coche que nos sorprende por lo impecable y nuevo que estaba, y emprendemos nuestra ruta hacia el desierto. Pero antes de llegar al Sáhara nos quedan dos días por delante de coche, muuuucho coche, y de conocer sitios increíbles.
La única forma de llegar a nuestro destino desde Marrakech es atravesar las Montañas Atlas, que son dos enormes cordilleras que dividen la mayor parte del país de la zona más árida que da paso al desierto. Toda esa zona está llena de pueblos bereberes, una etnia que tradicionalmente ha vivido en el norte de África. Y resulta que Ydir, nuestro guía, conductor y amigo, es bereber de Agoudal (pueblo de Imilchil) ¡así que estábamos en las mejores manos!
Tras curvas y cuestas, cuestas y curvas, llegamos a la zona más alta de la primera cordillera y las vistas nos dejaron sin palabras. Eso sí, casi volamos de las fortísimas ráfagas de viento. Si eres de los que se marean o no les gusta el coche ve echando paciencia si decides hacer este viaje.
Ydir nos fue preguntando en todo momento si teníamos hambre y cuando le dijimos que el estómago iba pidiendo comida paramos en un pueblo de camino. Nos comentó los restaurantes que había para que eligiésemos uno, lo cual agradecimos porque en otros tours sólo te dan una opción. Después de comer paramos para visitar Ait Ben Haddou, un pueblo antiguo de barro que llama mucho la atención por su color rojo y por la propia arquitectura de las casas con el estilo y forma de Kasbah junto a sus callejuelas, que van subiendo hasta la cima de una montaña. Una vez arriba tras una buena caminata toca disfrutar de las vistas al valle del río Ounila.
Este pintoresco pueblo es Patrimonio de la Unesco y ha sido escenario de series y de pelis muy taquilleras como Gladiator, la Joya del Nilo, Babel o el príncipe de Persia, y de series como Juego de Tronos. Aparte de sentir que estás en una de las pelis que tanto has visto, Ait Ben Haddou tiene un encanto muy especial que ciertamente merece la pena verlo en un par de horas. Para llegar al pueblo antiguo hay que cruzar un pequeño río semiseco (ojo, sin puente) y subir por las estrechas callejuelas de barro que a veces se convierten en estrechos pasadizos.
Después continuamos la ruta hasta Quazzazate, una pequeña ciudad que estaba de camino en nuestra ruta e hicimos un alto en el camino para visitar el Museo de Cine de Marruecos. En el museo hay todo tipo de decorados y vestuarios que se utilizaron para películas rodadas del pasado y presente. Nos sorprendió el hecho de que el cine sea una parte importante en la economía marroquí, dando empleo a muchas personas de este país trabajando en la construcción de escenarios e incluso ayudando en rodajes. Tras la visita al museo y disfrutar de una parada en el centro de esta ciudad para echar un descanso pusimos rumbo a Skoura, donde pasamos la primera noche en un hotel en medio de la nada y donde disfrutamos de un atardecer y un amanecer únicos
Este hotel se llama Chez Talout y está situado cerca de Skoura. Desde que Ydir salió de la carretera principal para seguir un pequeño camino de arena nos percatamos de que íbamos a pasar la noche en un lugar más bien tranquilo, lo cual agradecimos tras un día de no parar. Lo que no esperábamos es llegar a una especie de fortaleza-palacio y pasar una noche de ensueño en un sitio tan bonito y con un trato tan especial por parte de cada uno de los trabajadores del hotel.
La sensación de estar en un lugar tan bonito con unos balcones enormes desde los que no se veía nada de vida humana alrededor fue increíble. El color rojizo árido del paisaje contrastaba enormemente con el azul de la enorme piscina que teníamos a nuestros pies y en el ambiente había algo de mágico que te invitaba a relajarte y disfrutar el momento al máximo.
Cuando cayó la noche nos ofrecieron una cena típica que estaba riquísima en una de las terrazas con vistas a la piscina. Todo eso acompañado del sonido de los animalillos con un cielo estrellado y un relax absoluto era como estar en un sueño.
Día 2
Como cada mañana en Marruecos (excepto la noche que dormimos en el desierto) la llamada al rezo nos dio los buenos días sobre las cinco y pico de la mañana. Y cuando tras quince minutos intensos de escondernos debajo de la almohada terminó y por fin volvimos a intentar dormir, los gallos decidieron que era hora de echar pie a tierra, así que puestos a madrugar lo hicimos en condiciones: con un desayuno increíble en la terraza viendo el amanecer.
Una vez más despiertos Ydir nos montó en el coche y emprendimos la ruta de nuestro segundo día de excursión. En el trayecto visitamos sitios increíbles y cada vez que queríamos echar fotos o simplemente disfrutar del paisaje Ydir paraba el coche mientras nos contaba la historia de cada uno de los lugares y nos daba tiempo para echar fotos o simplemente disfrutar del ambiente. Algunas de nuestras paradas fueron Tinghir con unas vistas alucinantes al oasis y a la ciudad antigua; y las espectaculares formaciones naturales conocidas como ¨Monkey Feet¨ por ser rocas erosionadas con formas de dedos.
Durante nuestro paseo vimos a varias familias cogiendo agua, y es que este lugar es muy importante para las comunidades nómadas saharianas que pasan por esa zona ya que el agua del río es potable.
Después de un almuerzo la mar de rico en un restaurante en el que los únicos extranjeros éramos nosotros y donde comimos el cuscús más rico de nuestra vida nos pusimos ruta a Merzouga, una ciudad que estaba a la entrada del Sáhara, y donde las infinitas dunas de arena nos estaban esperando.
En el camino le pedimos a Ydir que nos llevase a alguna tienda de ¨no guiris¨ donde pudiésemos comprar unos turbantes para el desierto y así lo hizo. Paramos en un pueblecito donde había una tienda familiar de ropa en la que nos enseñaron a ponernos los turbantes. También nos mostraron la ropa típica bereber, y debió notarse en nuestra cara que nos encantó porque acabamos vestidos con unos atuendos tradicionales súper coloridos.
Conforme más íbamos avanzando en la carretera, menos arbustos se veían y lo rojizo se empezaba a tornar en amarillento, ¡las dunas estaban cerca! Al llegar a Merzouga dejamos a un lado la ciudad y fuimos directos a la entrada del desierto donde nos estaban esperando los camellos.
Aprovechamos aquí para decir que siempre miramos con lupa la condiciones de los animales al escoger una empresa y hemos de decir que Authentic Sahara Tours es dueña de sus propios camellos y que los tratan muy bien. Más info sobre esto en nuestro post de cómo elegir una excursión por Marruecos. LINK AQUI!
Cuando vimos a nuestros enormes nuevos amigos nuestras caras eran de felicidad absoluta. Una vez esos enormes animales se ponen de pie la altura es más alta de lo que parece, lo cual ayudaba a tener aún mejores vistas de la maravilla de atardecer que teníamos ante nuestros ojos mientras atravesábamos las dunas.
A mitad de camino al campamento hicimos una parada para disfrutar de las dunas y terminar de ver el atardecer. Esa puesta de sol fue una de las más alucinantes que hemos tenido la suerte de ver. Todo el cielo tenía tonalidades amarillentas y era casi imposible creernos que estábamos andando descalzos por las enormes dunas del Sáhara.
Una de las mayores sorpresas de la excursión fue al llegar al campamento. Pasamos la noche en una especie de hotel cinco estrellas en pleno desierto. Youssef, uno de los chicos que trabaja allí, nos recibió con té bereber y pastas típicas y tras hablar un rato con él nos invitó a refrescarnos y prepararnos para la cena.
Unas haimas enormes eran habitaciones de lujo. Blancas por fuera y decoradas en tonos cálidos por dentro. Apenas podíamos creer que hubiese luz eléctrica o que pudiésemos cargar los móviles en medio del desierto en nuestra propia habitación. Pero cuando más flipamos fue al darnos una ducha en el baño de nuestra haima con agua caliente… ¡en el desierto!
Después de refrescarnos y cambiarnos salimos para la cena cuando ya había caído la noche. Todo el campamento estaba lleno de candiles que alumbraban el camino hacia la haima más grande que hacía de restaurante. Tras una cena increíblemente rica y muy, muy abundante un grupo de bereberes estuvieron tocando los tambores, guitarras y unas castañuelas de metal mientras cantaban a la luz del fuego. Un momento único en el que no terminábamos de asumir que estábamos en pleno Sáhara compartiendo noche con extraños que sentíamos tan cercanos.
No tardamos en unirnos al concierto, intentando aprender a tocar los tambores a su ritmo, y tras un buen rato de música nos sumergimos en un profundo diálogo con Youseff. La larga, larguísima, conversación que tuvimos con ese chiquillo de 22 años aquella noche es una de las cosas que más nos marcaron de nuestro viaje a Marruecos (junto con las charlas que tuvimos con Ydir).
Es increíble cómo puedes conectar tanto con alguien a quien acabas de conocer, y cómo puedes aprender tanto de alguien no tiene intención de enseñarte. Para terminar la noche nos alejamos un poco del campamento para evitar la luz de la fogata y disfrutar de las estrellas. Y guau, aquello fue todo un espectáculo. Mirar al cielo en plena oscuridad y ver ese manto de puntos blancos en la inmensidad del cielo nos hizo sentirnos súper pequeñitos.
Aquella noche nos fuimos a dormir con una sensación de haber crecido de alguna manera, de querer a alguien a quien apenas conocíamos y de ser felices por el simple hecho de estar vivos y tener la oportunidad de poder descubrir distintas culturas y personas que son maravillosas.
Día 3
A la mañana siguiente tuvimos uno de los despertares más impresionantes que hasta ahora hemos vivido. Nuestros pies se hundían en la fría arena de las dunas mientras buscábamos el lugar más alto para tener las mejores vistas. Ver salir el sol rojizo entre las dunas y observar cómo se alzaba poco a poco en el cielo fue simplemente algo casi imposible de explicar.
El cielo oscuro se fue aclarando para convertirse en anaranjado y la sombra de las dunas se iban moviendo conforme subía el sol en el horizonte.
Tras desayunar tocaba despedirse de nuestros amigos del campamento, pero al despedirnos supimos que un trocito de nosotros se quedaba para siempre con ellos. Era hora de darle los buenos días a los camellos y volver al punto de encuentro donde Ydir nos estaba esperando.
Al montarnos en el coche lo primero que nos preguntó Ydir era si estábamos listos para un largo día de coche hasta Marrakech, a lo que contestamos muy entusiasmados que sí. Pero lo de largo era literal. Nuestro súper conductor al que a esas alturas ya considerábamos amigo se las apañó para tenernos entretenidos todo el camino, nos contó cosas sobre la historia de Marruecos, sobre los bereberes, sobre la política y la monarquía marroquíes… Y mientras tanto íbamos haciendo paradas en sitios preciosos para disfrutar el paisaje o para comer.
Una de nuestras paradas favoritas de ese día fue en un oasis. Un enorme palmeral en el que dimos un paseo y disfrutamos de unos dátiles recién cogidos de las palmeras por los locales de aquella zona.
Tras unas diez horas de recorrido (incluyendo paradas, almuerzo y obras por la carretera de las montañas Atlas) llegamos a Marrakech sobre las nueve de la noche y tocaba despedirnos de Ydir con el corazón encogido tras haber pasado tantas horas con él y haberle cogido tanto cariño. Es imposible para nosotros olvidar esa mirada de ojos alegres reflejada en el espejo del coche y esa voz de la que tanto habíamos aprendido.
Durante estos tres días de excursión vimos lugares impresionantes, dormimos en sitios alucinantes y probamos comidas exquisitas. Pero lo que sin duda más nos marcó fueron las personas que encontramos en el camino. Nos quedamos con esas miradas cálidas, esas sonrisas sinceras y esas conversaciones tan simples de las que tanto hemos aprendido. Cada noche recordamos el cielo del desierto y sabemos que las estrellas se están reflejando en los ojos negros de nuestros amigos.