31 de Octubre del 2013
Llegó el momento. Los motores cada vez se aceleran más y el avión empieza a recorrer la pista de despegue. En menos de treinta segundos estamos en el aire.
Detrás dejamos toda una vida. El aeropuerto de Barajas se ve cada vez más pequeño. No hay vuelta atrás, una aventura acaba de empezar en nuestras vidas.
Una situación general y particular han hecho que tomemos la decisión de comenzar desde cero en otro lugar. En un país del que apenas sabemos nada, sólo lo que leemos en prensa o vemos en las películas. No sabemos lo que nos depara el futuro, pero nos negábamos a quedarnos impasibles a la realidad que le ha tocado vivir a nuestra generación.
Contentos pero tristes, entusiasmados pero con rabia por vernos “obligados” a tener que dejar nuestro país, la tierra en la que crecimos y las personas a las que queremos. Decididos pero asustados por no saber con qué nos sorprenderá la vida una vez volvamos a tocar tierra. Una mezcla de sentimientos indescriptibles volando a no sé cuantos mil pies de altura en medio de un amanecer a las seis de la mañana. Adiós España, no sabemos cuándo te volveremos a ver.
Allá vamos, dispuestos a luchar y a enfrentarnos a que lo que la vida nos depare. A una tierra llena de oportunidades dicen. Comprobémoslo.
Nueve de la mañana. Un avión aterriza en el aeropuerto de Gatwick. Y lo que más nos sorprende es el sol que hace. No hay nubes, es una mañana completamente despejada, ¿pero no era éste el país gris en el que nunca deja de llover? Frío, eso sí. Se nota que andamos algunos kilómetros más al norte…
Sonreír ante este nuevo reto es lo que se nos ocurre y ser conscientes de que nuestras familias están a más de 2.000 kilómetros de distancia. Intentar sacar seguridad de lo más profundo de tu ser y optimismo desde el resquicio más hondo de tu corazón para afrontar esta aventura a la que nos hemos lanzado. Vamos a por el primer día de esta nueva vida.